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19.04.2019 Artículos

Darío Rivas, el emigrante gallego que dio voz a las víctimas del franquismo

Darío Rivas, el emigrante gallego que dio voz a las víctimas del franquismo querella argentina

Darío tenía dieciséis años y vivía en Buenos Aires cuando se enteró del fallecimiento de su padre a través de su hermana Carmen. Su madre había muerto cuando él tenía cinco años y había emigrado de Galicia a los nueve con el objetivo de tener una vida mejor.
Habían pasado unos cuantos años, cincuenta y cuatro sin ir más lejos, hasta que conoció la verdad: los falangistas habían matado a su padre por republicano. “Le metieron un tiro acá en la frente” y lo dejaron “en la carretera mirando para arriba en la cuneta”. Al dolor que sentía en sí por la muerte se sumó el sentimiento de enojo generado por la injusticia, la necesidad de recuperarlo.
En España, gracias a relatos de vecinos y pistas que le fueron dando, logró conocer un poco más de la historia y saber dónde estaba el cuerpo. Pero para Darío no era suficiente, necesitaba exhumarlo y así recuperarlo. El cuerpo de su padre no debía estar en aquel lugar, marginado, desprestigiado y olvidado, debía ser homenajeado y debía ser conocido tanto por todo lo que hizo por el pueblo como por cómo había sido asesinado. Los huesos eran la materialización de su espíritu, la evidencia de un delito, contaban una historia y en su recuperación fueron re-significados: pasaron del olvido al recuerdo. Después de tantos años su hijo consiguió re-enterrarlo, pero esta vez con dignidad, dejando constancia en un acto y una placa: “Que fue Alcalde de Castro Rei, nacido el 13 de septiembre de 1875. Lo asesinaron en Portomarín los falangistas el día 29 de octubre de 1936. Volvió a casa para descansar en paz el día 19 de agosto de 2005”.
¿Existe algún momento ,cuando uno hace esas cosas o lucha tanto, que siente que está recuperando algo? “No, la vida no la recuperé. Yo perdí a mi padre a los nueve años (al exiliarse) y lo perdí después a los dieciséis (ante su muerte). Para mi padre, yo era el hijo mimado. La placa del cementerio dice asesinado por los falangistas y después un cartelito chiquito dice "Papá descansa en paz, te lo pide tu hijo mimado"”. Al narrar el recuerdo de la muerte de su padre, sus ojos se humedecían y un gesto tierno y triste invadía su rostro. Con Darío emocionarse era fácil.
La recuperación de los restos de su padre implicaron su trascendencia, la perdurabilidad e inmortalidad de las historias de vida. A través de ello Darío le devolvió la dignidad ante la muerte y la vida en cada uno de sus actos de recordarlo y conmemorarlo. La búsqueda y el encuentro era crucial, como parte de la militancia, como un deber familiar y moral, y como una respuesta a sus orígenes. Hoy Darío se reencuentra con su padre para contarle que la justicia se hará por él y por todas las personas que sufrieron el genocidio español. Fue el primer querellante contra los crímenes del franquismo en Buenos Aires. Su rostro, su historia y pedido de justicia viajo por el mundo a través de prensa y diferentes eventos.
“Sí, la querella ya llegó, ya llegó a lo que no pensaban que iba a llegar nunca. Hay gente que tiene todavía ilusiones, y los otros murieron”
Darío no deja la tierra mientras sigamos recordándolo y continuando aquello que él nos dejo, la lucha contra la impunidad y a favor de la humanidad.

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