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19.11.2018 Artículos

- ¡Qué ruin era el cacique! - ¡Pero qué listo!

- ¡Qué ruin era el cacique! - ¡Pero qué listo! querella argentina


El presidente de la Diputación de Ourense y también presidente del Partido Popular de esta provincia, quien fuera nombrado recientemente Huésped de Honor en la Legislatura porteña, José Manuel Baltar Blanco, predecesor de José Luis Baltar (padre), es un cabal ejemplo de la vigencia del caciquismo patriarcal que gobierna en Galicia. El prontuario de esta familia es extenso y plagado de complicidades sospechosas con del poder judicial que forma parte de las cortes caciquiles donde reina la impunidad. Estos personajes se pasean pavoneando una autoridad moral que definitivamente no poseen, ofreciendo “soluciones” a problemáticas de las cuales ellos mismos son artífices y cómplices.

El Partido Popular --quien controla las políticas exteriores de la Xunta de Galicia desde hace décadas-- se disfraza de cordero para solidarizarse con sus propias víctimas bajo su único y persistente objetivo: adueñarse de las instituciones históricas de nuestra colectividad. No ofrecen soluciones de fondo en esta pelea de patrones donde el Centro Gallego de Buenos Aires es el trofeo principal; por un lado la venta apadrinada por los capos inmobiliarios del PRO de la Ciudad de Buenos Aires y por el otro, misteriosos "Inversores" que prometen soluciones con un pasado plagado de corrupción. Conocemos la estrategia de jugar al vaciamiento para justificar la privatización apelando a criterios de “rentabilidad”, como la denunciada manipulación de informes que pretende justificar que el servicio de Medicina Nuclear del Hospital Universitario de Gran Canaria continúe en las manos privadas del grupo San Roque, grupo del que proviene Baltar como directivo. Estos hechos demuestran que sus actos jamás van a contemplar el espíritu solidario y comunitario que proyectaron los fundadores de las instituciones de la diáspora; se trata sólo de negocios y de tráfico de influencias como todo lo que ha propuesto el Partido Popular para la Galicia exterior.

Ayudar al Centro Gallego es reconocer la responsabilidad cómplice de los organismos del Estado gallego que gestionaron por más de diez años el centro, dejando una deficiencia estructural y financiera imposible de afrontar. Es claro que pedir un gesto de dignidad a quienes usufructúan sus cargos políticos es algo más que una utopía; los funcionaros gallegos deberían acercarse sólo para pagar sus culpas y devolvernos un Centro Gallego saneado para les socies y trabajadores.

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